Frente al lienzo estaba yo disfrutando de mi café quien al primer descuido descendió de la taza y se mezcló con mis garabatos estando mi paladar y mis pinturas ensimismadas sin más remedio que fusionarse en un juego de manchas de luz y color. Un café al día nace de ese soberado gusto de cambiar, de acuerdo al humor la mezcla de esa bebida de extracto de grano y su temperatura para ser ingerido.